“Cada interrogante genera una respuesta que a su vez, abre otro interrogante”
Quizás no sea necesario decirlo, pero un sentido de honestidad nos obliga a reconocer que el contenido de la presente, posiblemente sea poco o casi nada lo original que podría agregar al conocimiento común, más bien lo que pretendemos es concebir una especie de síntesis, sobre aquello que seguramente y en alguna oportunidad de una u otra manera cualquiera de nosotros hubo pensado, dicho o escrito. Y si no, fijémonos un poco.
La vida, su origen, su destino, desde siempre planteó y seguirá planteando para la humanidad incógnitas hasta hoy no resueltas, y que esperan ser dilucidadas mediante el uso y sentido ecuánime de la razón, o por vía de la visión espontánea de la intuición.
Es axiomático en nuestro común entendimiento de que la vida es el factor esencial que nos ocupa y preocupa a todos por igual. Por eso mismo, y en el caso hipotético de que a ella la tengamos que identificar con algún tipo de signo gramatical, nosotros nos inclinamos por el de la interrogación (¿ - ?).
El por qué de su elección o preferencia obedece en primer término a su conformación estética, sobre la cual más adelante haremos ciertas observaciones; en segundo término a su sentido gramatical, en el cual, a nuestra manera de ver recae su mayor peso simbólico y que nosotros anticipando nuestras disculpas lo transferiremos a la vida misma.
Deseamos advertir que el signo elegido, no implica ni tiene nada que ver con ninguna especie de concepciones cabalísticas, parasicológicas, místicas o astrofísicas, simplemente lo adoptamos porque como veremos más adelante, es el que mejor se ajusta y representa a las intenciones y desarrollo de nuestras reflexiones.
La vida en realidad es un misterio y como misterio es el mayor interrogante que pone a prueba y desafía a la razón.
Decimos y sostenemos que el desafío es a la razón, y es así, porque esta es una de las facultades que radicalmente nos diferencia entre los otros seres vivientes; pero además, porque pese a los ingentes esfuerzos científicos-técnicos hasta hoy realizados, sólo persisten y coexisten meras teorías e hipótesis de aquello misteriosamente desconocido, sin que nadie a la fecha haya logrado transformarlas en tesis acabada.
También debemos decir que, voluntariamente nos inhibimos a opinar sobre las diferentes concepciones teológicas, no porque carezcan de importancia o de interés, si no porque, desde el punto de vista de la fe, no existen ni sería posible que existan interrogantes sin respuestas. En el terreno de la fe, todo esta perfectamente definido; pero por otra parte, las vivencias en este campo, corresponden a lo estrictamente subjetivo, y en este preciso aspecto, aquellas en su magnitud emotiva son de absoluta imposibilidad transferirlas. Pero además y suponiendo que en este campo de la vida pudiesen existir algunos interrogantes, sencillamente escapan o desaparecen de la visión analítica racional.
Asumimos la posibilidad de que las observaciones subsiguientes puedan ser calificadas caprichosas. Nada más lejos de nuestra intención, que tan sólo pretende sea considerado un juego asociativo de la imaginación, mixturado con una pizquita de intuición.
Relacionado el signo a la vida y en procura de interpretar su forma estética, comenzaremos a recordar lo que todos conocemos.
El signo de interrogación tiene una sola forma, que según sea su posición (¿ - ?) se interpreta de dos maneras, es decir, será abierto con el punto hacia arriba, o cerrado con el punto hacia abajo.
Para describir al signo lo dividiremos en partes; observemos que está constituido por un punto, una semirrecta y un semicírculo.
Valiéndonos de nuestra imaginación asignaremos a cada una de sus partes, un supuesto sentido de la vida. De este modo, mirando al signo en su posición abierta, el semicírculo permite ser interpretado como la letra “C”, la misma letra que inicia la palabra -Contenido- que inferida a la vida, sería la vida Contenida; contenida al engendrarse, contenida al nacer, contenida al crecer y contenida hasta morir.
Luego del semicírculo, nace una semirrecta, que infiriéndole a la vida su significado geométrico (es una línea de puntos, que tiene origen pero no tiene fin), representaría a la vida engendrada (conocemos el momento de su origen), que tiene sus comienzos pero desconocemos la finalidad de su existencia.
Por último el punto que relacionado a la vida, podría ser considerado como uno de sus hitos o como algunos de aquellos momentos de mayor trascendencia. En cualquiera de los casos, el punto será encontrar las respuestas correctas a cada uno de ellos.
Prosiguiendo diremos que, nosotros en el momento de nacer nos abrimos a la vida, conjugado con el signo, éste tendría que estar en posición “abierto”; en el instante de nuestra muerte, el signo estaría en posición “cerrado”.
Tomado el signo desde el enfoque semántico, sabemos que en el espacio existente entre los dos signos, se halla expresado el propio interrogante, de igual manera ocurre entre la apertura y cierre de nuestra vida. Ese lapso contiene en sí, un misterioso interrogante que se debate entre los extremos de la incertidumbre y de la certidumbre.
Cada instante entre esos extremos lleva la impronta de un nuevo interrogante. Ej.: ¿Qué debo resolver? ¿Cómo debo resolver? ¿Para qué debo resolver? ¿Por qué debo resolver? ¿Haré bien? ¿Haré mal? ¿Después?
Y así ininterrumpidamente podemos formularnos preguntas tras preguntas, a cada instante de nuestra existencia. En otras palabras, abrimos y cerramos nuestros propios signos de interrogación.
Hemos avanzado hasta aquí, concediéndole cada parte del signo una particularidad de la vida, con lo cual se podrá o no coincidir, aunque en realidad en este aspecto la cuestión no es substancial, porque remitiéndonos a lo que anteriormente hemos advertido, nuestra reflexión es un juego.
Habiéndose establecido las reglas de juego, nos permitiremos transferirlas a otras cuestiones que a nuestro modesto entender, merecen ser consideradas como otros interrogantes aún no resueltos, y que precisamente por ese mismo carácter, parecieran obstinarse en mantenerse ocultos a nuestra natural curiosidad, a la investigación o a la simple especulación según las preferencias o inclinaciones de quienes se ocupen.
Basándonos en el respeto, en el alto contenido simbólico y vivencial que presupone hacer referencia a nuestras experiencias vitales, más cuando el acto implica examinarla como uno de los objetos - interrogantes que aún no posee acabada definición racional, aunque intuitivamente la tuviera, desprendiéndonos de ella, los invitamos a recorrer otros ámbitos que también, como otras tantas cuestiones aguardan la dilucidación. de su propios interrogantes.
Qué les parece si cumplimos con el principio del conocimiento filosófico que nos dicta: “De lo general a lo particular”, para iniciar nuestro juego con el Cosmos? A la vez prevenimos que incursionaremos en otros universos, como el de las pasiones, el de la cultura y el de las ideas.
Retomando el punto diremos, que salvo los astrónomos que hallan familiarizados con las enormes distancias siderales (Con todas las limitaciones que significa su imperfecta capacidad de concepción), y con los cuerpos celestes, para el común de las personas como nosotros, al margen de lo que la bóveda celeste nos ofrece a la vista, al Universo más lo concebimos como un producto imaginario que como algo concreto, aún cuando nuestra visión nos permita cierto grado de percepción sensorial. Percepción que en última instancia nos resulta extremadamente limitada para concebir al cosmos en toda su grandiosa magnitud. Por tal causa de inmediato emergen tres interrogantes:
1. En razón de la apuntada deficiencia, nos sirve de algo la facultad de percibir nuestros sentidos?
2. Tiene la razón algunas posibilidades de concebir magnitudes siderales que “a priori”, su concepción precisamente racional resulta de extrema dificultad?
3. Lo que podamos percibir o fijar mediante nuestra razón, será realmente lo que existe, o es que ya existió?
Saque el lector sus propias conclusiones.
Pasemos al universo de las pasiones: ¿Cree Ud., estar seguro de sus sentimientos? ¿Nunca sufrió o hizo sufrir algunas decepciones? ¿Considera ser capaz de dominarlas a todas?
Efectúe Ud., un examen introspectivo y comprobará como cada de las pasiones encarnan en sí un interrogante, que quizás lo pueda responder, pero que quizás también no, o puede darse que sus íntimas respuestas guarden más dudas que certezas.
Pasemos al universo de las pasiones: ¿Cree Ud., estar seguro de sus sentimientos? ¿Nunca sufrió o hizo sufrir algunas decepciones? ¿Considera ser capaz de dominarlas a todas?
Efectúe Ud., un examen introspectivo y comprobará como cada una de las pasiones encarnan en sí un interrogante, que quizás lo pueda responder, pero que quizás también no, o puede darse que sus íntimas respuestas aumenten más sus dudas que sus certezas.
Veamos que ocurre con el universo cultural: ¿Es posible en dicho universo establecer un “modelo común” a todas las culturas? ¿Qué entendemos por cultura? ¿Qué tipo y grado de cultura deberemos poseer para que se nos considere cultos?
Piense detenidamente para darse su propia respuesta.
Para de algún modo darle un “cierre” a la presente, porque humanamente sería absolutamente imposible finalizar los interrogantes, vamos a referirnos al universo de las ideas.
¿Por qué y cómo nacen las ideas? ¿Cuál es el proceso mental para su formulación? ¿Será toda la existencia, incluida nuestra vida producto de una idea? ¿Cuánto más tendremos que interrogarnos sobre esos mismos interrogantes?
¿LO SABE UD.,?
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